Cómo leer el lenguaje corporal

No hace falta ser psicólogo o experto en comunicación no verbal para comprender el significado de ciertas miradas y gestos. Todos somos capaces de interpretar el lenguaje corporal más evidente, como una mirada de cariño, un puño cerrado en posición amenazante o un gesto ostensible de desprecio.

Pero el lenguaje corporal es mucho más complejo, porque todo nuestro cuerpo habla en todo momento. Lo queramos o no, el cuerpo transmite mensajes permanentemente, y a menudo contradice lo que la persona está diciendo con palabras.

Si usted está familiarizado con los fundamentos de la comunicación no verbal, percibirá claramente estos mensajes. Si no lo está, los percibirá también, aunque sea de manera inconsciente. Y no debe olvidar que su cuerpo también habla. Vuelve a cumplirse la máxima según la cual no es posible no comunicar.

Huelga explicar, por tanto, la importancia de controlar nuestro lenguaje corporal y saber leer el de los demás cuando estamos en un contexto laboral: desde una entrevista de selección hasta una reunión de trabajo o un proceso de negociación salarial.

Es importante tener claro que no hay verdades absolutas. Que alguien se acaricie la barbilla no siempre significa que está reflexionando, al igual que taparse la boca al hablar no es un síntoma inequívoco de falsedad.

Por otro lado, cada gesto debe leerse en su contexto, porque puede significar cosas muy distintas según cuándo, dónde y cómo se produzca.

Aun y así, multitud de libros y estudios han tratado de construir un «diccionario» de la comunicación no verbal. Hay que tomar estas indicaciones con reservas, nunca como fórmulas magistrales, pero sin duda pueden servir como orientación. Veamos algunas «entradas» de ese posible diccionario:

La mirada

Cuando nos encontramos con alguien, le miramos unos segundos a los ojos para detectar sus sentimientos e intenciones, y luego bajamos brevemente la mirada para mostrar nuestra intención de cooperar. No hacer esa pausa y mantener fija la mirada podría interpretarse como una actitud desafiante.

Durante una conversación, desviar la mirada justo antes de empezar a hablar indica que lo que vamos a decir es fruto de una reflexión meditada, mientras que mirar a derecha e izquierda cuando nos hablan suele ser una demostración de desinterés.

Mirar directamente a los ojos de quien nos habla demuestra interés y atención, pero mantener esa mirada durante todo el tiempo sería demasiado agresivo. En una entrevista de trabajo, por ejemplo -en la que el candidato ha de mostrar el máximo interés-, es comprensible que mire a los ojos del entrevistador más tiempo del que sería normal en otro contexto.

La posición del cuerpo

La norma fundamental es la que distingue entre cerrazón y apertura. Los brazos cruzados protegiendo el cuerpo son una posición defensiva bastante obvia, mientras que las posturas abiertas demuestran relajación, hasta el punto -cuando son exageradamente abiertas- de transmitir desinterés y mala educación.

Los movimientos de la cabeza

Si nuestro interlocutor asiente repetidamente mientras nos escucha puede significar que nos entiende y está de acuerdo con nosotros o que quiere que acabemos lo antes posible para responder.

Una ligera inclinación hacia adelante indica que la persona está escuchando, y escuchando con interés si al mismo tiempo inclina la cabeza ligeramente hacia un lado.

Las manos

Es frecuente que no sepamos qué hacer con ellas, pero lo cierto es que ellas siempre acaban haciendo algo. Por ejemplo:

  • Juguetear con objetos (síntoma de nerviosismo e inseguridad).
  • Entrelazar los dedos (un gesto que expresa autoridad y rigor, pero también voluntad de entendimiento y espíritu constructivo).
  • Frotarse entre sí (síntoma de impaciencia).
  • Girar para mostrar las palmas (transmitiendo sinceridad y franqueza).
  • Tocar levemente el brazo de nuestro interlocutor (para pedirle que confíe en nosotros y crea lo que le estamos diciendo).
Esta es sólo una pequeña muestra de algunos movimientos y gestos de lenguaje corporal que generalmente � y siempre con el riesgo de equivocarnos � podemos interpretar en cierto sentido. Pero cuando estudiamos el lenguaje corporal de todo un cuerpo en su conjunto, las combinaciones son casi infinitas. Y están repletas de matices muy sutiles.

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