Los peligros de estar quemado en el trabajo

«Estoy muy quemado en el trabajo». Esta expresión, que seguro que habrás oído más de una vez, la mayoría de las veces se refiere a una situación de descontento por parte del trabajador. Sin embargo, quien realmente padece el síndrome «burn out», sufre una enfermedad laboral.

¿Cuáles las características más habituales del «burn out»? Por un lado el cansancio emocional, reflejado en la pérdida progresiva de energía; por otro la despersonalización, con una serie de respuestas y actitudes negativas hacia los demás; y también una pérdida de motivación y falta de realización personal, con actitudes negativas tanto hacia sí mismo como hacia el trabajo. La sensación que acompaña a estos trabajadores quemados es que no pueden cambiar su situación porque, hagan lo que hagan, todo va a continuar igual. Y estas emociones no sólo se circunscriben al ámbito laboral sino que suelen traspasarlas a sus relaciones con los demás.

Junto con la enseñanza, los trabajadores dedicados a la sanidad son los que tienen más posibilidades de sufrir este síndrome. La razón es que realizan una labor asistencial que, además, suele ser vocacional. Pero cualquier otro profesional puede sufrirlo. El catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco Alonso Fernández, ha diseñado una clasificación de profesionales quemados en función del tipo de estrés que padecen. De este modo encontramos el estrés de la competitividad (entre empresarios y directivos), el de creatividad (escritores, artistas e investigadores), de la responsabilidad (médicos y enfermeras), de las relaciones (profesores, funcionarios, comerciales), de la prisa (periodistas), de la expectativa o del miedo (fuerzas del orden, trabajadores de alto riesgo) y del aburrimiento (trabajos mecánicos, rutinarios y monótonos).

Un trastorno crónico

Este síndrome de desgaste profesional, que afecta a más de 15 millones de trabajadores, se incluye dentro de los trastornos adaptativos crónicos. Antes de esta sentencia, sólo algunas empresas lo incluían en su prevención de riesgos laborales.

¿Cómo puede evitarse esta situación? Tratando el estrés y prestando atención a los factores de vulnerabilidad, de tal forma que se eviten recaídas. Trabajar con mentalidad de grupo, incorporar actividades de entrenamiento para resolver problemas y aumentar la comunicación entre compañeros son algunas de las soluciones que dan los expertos.

Pero el síndrome del quemado no sólo afecta a los trabajadores sino que también puede aplicarse a los estudiantes. De hecho, un estudio realizado por la Universidad Jaume I entre 872 de sus alumnos sostiene que los de ciencias jurídicas y económicas son los que cuentan con unos mayores niveles de «burn out» frente a los que eligen las ciencias humanas y sociales. Una de las conclusiones de esta encuesta es que las carreras con que necesitan mayor concentración y tiempo son las que más desgastan a sus estudiantes. �stos saben que tienen un futuro laboral asegurado, pero también de que su salud se resiente.

Fatiga crónica, dolores de cabeza y falta de eficacia académica son los síntomas principales. La época de exámenes, los horarios ajustados o el mal funcionamiento de los servicios de la universidad (reprografía, biblioteca, sala de ordenadores) suelen ser algunos de los detonantes. ¿Consecuencias? Los alumnos faltan a clase, están desmotivados y les da igual todo.

Las posibles soluciones para evitar este tipo de casos pasan porque los centros universitarios introduzcan mejoras en los horarios y unos mejores servicios. Los profesores, por su parte, pueden facilitar tutorías en horarios más amplios, de forma que se facilite el estudio. Por último, los propios estudiantes tienen que ser capaces de aprender a organizarse mejor, de tal forma que puedan hacerlo todo. La combinación del deporte con el estudio puede ser una vía para desconectar de los problemas en las aulas.

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