El buen profesional, ¿nace o se hace?

Romper con lo habitual y ser diferente convierte al buscador de empleo en un firme candidato a obtenerlo. Y para ello, debe potenciar su personal branding; es decir, su marca personal. Hay que saber, por tanto, dejar huella en un mercado donde la competitividad es el elemento predominante.

Para crear tu marca de identidad has de contar con una actitud positiva que te permita salir de lo establecido. Y una vez definida, plantearte en qué ámbitos podrás responder mejor. Entran en juego, entonces, las habilidades sociales, aquéllas que forman parte de la inteligencia personal de cada uno y que tienen que ver con la capacidad de relacionarse con los demás.

Éste es, además, uno de los factores que las compañías más tienen en cuenta a la hora de seleccionar personal. De hecho, puede ser el elemento que determine la selección de un candidato u otro con la misma formación y experiencia.

Capaces de todo

Pero, ¿qué habilidades hay que tener para marcar la diferencia? La respuesta a esta pregunta la tiene, sin embargo, cada empresa, pues depende de su filosofía y de las características de los puestos que necesite cubrir. No obstante, hay una serie de cualidades sociales muy valoradas, por lo general, para desarrollar cualquier trabajo. Entre éstas cabe destacar la capacidad de comunicación, la de asumir riesgos y responsabilidades, la facilidad para trabajar en equipo, la predisposición para comprometerse con la empresa en sus diferentes vertientes, la confianza en uno mismo o la flexibilidad.

Esta última cualidad social es, además, un aspecto esencial hoy en día, pues las empresas necesitan personal adaptable, que sepa responder no sólo en un puesto ni ante un entorno determinado.

Se trata, en definitiva, de acumular una serie de cualidades que te facilitarán la inserción en el mundo laboral. Ahora bien, debes ser consciente de que, aunque cuentes con todas ellas (en mayor o menor medida todo el mundo las posee), puedes potenciarlas. Para ello están las escuelas de negocio, las cámaras de comercio y los centros de formación continua de las universidades, que desarrollan actividades en forma de talleres, seminarios y cursos destinados a fomentar las habilidades sociales más importantes.

Tu ADN o marca personal

Análisis, diferenciación y notoriedad. Éstas son las fases que los directores del Observatorio Personal Branding de la Escuela de Negocios CEU,Tomás Marcos y Andrés Pérez, recomiendan para diseñar tu marca personal. Es lo que llaman, modelo ADN, que comienza con un análisis de tus habilidades para potenciarlas y desarrollarlas de forma continua con el objetivo de diferenciarte definitivamente de los demás.

Decálogo del aspirante ideal

Las Fundación Universidad-Empresa (FUE) establece en su ‘Guía de las empresas 2006-2007’ diez claves que convierten a un candidato en un buen profesional. Toma nota de cuáles son:

  • Saber aplicar los conocimientos y capacidades. No basta con adquirir formación, sino que hay que dar respuesta a las necesidades profesionales que vayan surgiendo aplicando los conocimientos.
  • Flexibilidad y adaptación al cambio. Ésta es una de las capacidades que son más valoradas por las empresas, que cada vez más demandan profesionales «con disponibilidad para adaptarse fácilmente a la realización de nuevas tareas y responsabilidades, realizar viajes frecuentes y trabajar en las oficinas de la compañía ubicadas en otras localidades e incluso países».
  • Trabajo en equipo. Son frecuentes en la actualidad la creación de equipos de trabajo multidisciplinares en el ámbito laboral. De ahí la importancia que adquieren las personas con habilidad para integrarse en este tipo de estructuras organizativas.
  • Relaciones interpersonales y comunicación. Esta habilidad está muy relacionada con la anterior, pues es imprescindible tener facilidad para interactuar con los compañeros y superiores. Pero también con proveedores, clientes y otro tipo de audiencias similares.
  • Innovación y creatividad. Son, según la guía de la FUE, «dos motores claros del avance dentro de cualquier compañía». Por ello, las empresas prefieren contar con profesionales hábiles en la resolución de problemas y el diseño de proyectos ambiciosos.
  • Capacidad de gestión y auto-gestión. Las compañías buscan profesionales que se impliquen en la toma de decisiones de ésta y que, a su vez, sean capaces de asumir nuevos retos y de desarrollarlos con autonomía personal.
  • Motivación, iniciativa y compromiso. Demostrar que se es activo, se tiene interés por el desarrollo de la empresa y se es capaz de superar situaciones difíciles convierte al candidato en un profesional imprescindible para la entidad.
  • Capacidad y disposición para el aprendizaje. El actual mercado laboral exige al profesional poner al día de forma continua sus conocimientos, pues la formación «se perfila como la base imprescindible de las capacidades del profesional». Los conocimientos de idiomas e informática y contar con habilidades sociocomunicativas se hacen, de este modo, imprescindibles.
  • Dote de mando y liderazgo. Estas dos cualidades cada vez están más valoradas por las compañías, pues las personas que las poseen cuentan con un «alto grado de influencia, compromiso, motivación, iniciativa y optimismo«, según subraya la FUE.
  • Autoestima y seguridad en sí mismo. Es «la mejor tarjeta de presentación de un buen profesional» y la que permite a la empresa saber que cuenta con una persona que es capaz de forjarse una sólida carrera laboral.

Los valores añadidos, tu mejor complemento

La realización de máster y postgrados son aspectos que las compañías también tienen muy en cuenta en sus procesos de selección.

A pesar de que la formación, la experiencia y las habilidades sociales son los pilares básicos de la selección de personal, la especialización que predomina en el mundo laboral actual hace que cada vez sean más los aspectos que se tengan en cuenta. De ahí la importancia que adquiere la realización de máster y cursos de postgrado, para conseguir una formación especializada en un campo de trabajo concreto.

Eso sí, todo en su justa medida. Es decir, debe haber cierta correlación con la especialidad profesional del candidato, de modo que no tendrá más posibilidades de ser contratado el que más master haya realizado, sino el que los haya hecho más relacionados con el puesto en cuestión, de tal modo que pueda aprovecharlos.

Además, es aconsejable que la realización de máster y postgrados sea posterior a la de los estudios y a la adquisición de experiencia. Y es que es más probable que se contrate a un titulado con experiencia que a otro que no lo tenga y haya hecho máster. Éstos, por lo general, son valorados para puestos muy específicos, en los que interesa tener una formación especializada.

Conocimientos transversales

Los conocimientos que se adquieren estudiando, trabajando o en un máster son específicos o verticales. Sin embargo, las empresas también valoran los llamados conocimientos transversales; es decir, aquéllos que son útiles para cualquier puesto de trabajo.

Entran en este bloque la informática, el manejo de las nuevas tecnologías y los idiomas. Al menos, son los conocimientos de este tipo más valorados por las empresas, aunque su importancia depende del puesto que se vaya a cubrir y de la dimensión de la empresa.

Por ello, mientras que en las pymes apenas son requeridos, en las grandes multinacionales son muy valorados para cubrir una serie de puestos de directivos y de cargos intermedios.

Huella personal

Pero, lo quiera o no, el profesional también tiene una serie de cualidades personales, complemento perfecto de las habilidades sociales. Entre las primeras, las empresas valoran, sobre todo, la responsabilidad, la iniciativa, la tenacidad y la motivación por la calidad.

La seguridad en sí mismo es otra de las cualidades personales que se valoran, pues es la mejor forma de ‘venderse’ en una entrevista de trabajo y de demostrar a la empresa que pueden contar con el candidato ante cualquier situación. A ello se suma la lealtad, el compromiso ético, la seguridad y la capacidad intelectual, así como la discreción, la creatividad, la sinceridad y la capacidad de gestión.

© Laboris

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