Pruebas grafológicas, la escritura en la selección de personal

El estudio de la grafología se inició en Francia en el siglo XIX. Desde entonces, esta ciencia que se basa en la estadística ha ido evolucionando y hoy tanto nuestros vecinos galos como los empresarios alemanes la utilizan habitualmente en los procesos de selección de personal, casi en el 90% de los casos.

En España, aunque todavía es una práctica minoritaria, cada vez son más las empresas que la emplean. Por eso cuando publican una oferta de trabajo y piden a los candidatos que envíen junto al CV una carta de presentación manuscrita y firmada no es para ver su buena o mala caligrafía sino para que un grafólogo analice la escritura y emita un informe al respecto.

El objetivo es conocer las aptitudes, motivaciones y comportamientos de los aspirantes para determinar si se adecuan al puesto a cubrir.

Los análisis grafológicos aportan información que es difícil obtener a través de otras técnicas y resulta de gran utilidad para los expertos en selección, sobre todo cuando han de preparar y llevar a cabo las entrevistas personales con los candidatos.

El informe grafológico

Las empresas que contratan los servicios de un centro de grafología o de un experto grafólogo pueden encargarle sólo una fase de la selección de personal o todo el proceso completo, ya que la mayoría de especialistas son además psicólogos del área de recursos humanos.

Las empresas suelen llevar a cabo una primera criba de candidatos descartando a aquéllos que por su currículum no cumplen con los requisitos del puesto. A continuación piden a los grafólogos que elaboren un informe de los preseleccionados y desestimen a los candidatos que no consideren adecuados o que presenten alguna patología.

El informe grafológico aporta datos sobre el equilibrio emocional de los aspirantes y los aspectos que configuran su carácter, lo que permite saber qué personas son idóneas o no para satisfacer las exigencias del puesto a cubrir.

Algunos de los aspectos que se detectan a través del análisis grafológico y que conviene indicar en el informe correspondiente son el tipo de relaciones que establece la persona con los demás, si su fuerte es el trabajo individual o el de equipo, bajo qué estilo de dirección funciona mejor, de qué forma afronta los problemas y los cambios y si tiene inquietud por aprender y progresar profesionalmente.

El informe también puede incluir información sobre el potencial de inteligencia del candidato y su sentido crítico.

Escribir con espontaneidad

La escritura es muy difícil de manipular, por eso los resultados que aporta su análisis son tan fiables. Por tanto, de nada sirve intentar modificarla o embellecerla en la carta de presentación para «engañar» al experto grafólogo. Lo más adecuado a la hora de escribirla es:

  • Utilizar un bolígrafo o pluma con el que nos sintamos cómodos escribiendo.
  • Buscar un momento de tranquilidad para preparar la carta, que deberá tener una extensión de ocho a diez líneas.
  • Escribir con espontaneidad, de forma natural, con una letra legible, pero personal y sólo con las mayúsculas necesarias.
  • Incluir la firma al final del texto, ya que aporta información de gran interés para el grafólogo pues revela aspectos concretos de nuestra personalidad que complementan a los que se aprecian en el resto de la escritura. La ubicación de la firma en el papel (hacia la derecha, el centro o la izquierda) y el espacio de separación con el texto son algunos de los aspectos que junto con el trazo analizará el grafólogo.

Qué se estudia

El análisis grafológico observa, entre otros, los siguientes elementos de la escritura y la manera de trazarla:

  • La forma de la letra. Muestra, por ejemplo, si la persona es introvertida o extrovertida.
  • El tamaño de la letra. Si es muy grande puede significar que la persona necesita reafirmarse, aunque toda interpretación debe realizarse en el contexto adecuado.
  • La dirección de las letras, palabras y frases. Está relacionada con el estado de ánimo.
  • La distribución espacial del texto dentro de la página. La armonía de los elementos indica, por ejemplo, nuestra capacidad de organización.
  • Los espacios en blanco entre las palabras, las líneas y los márgenes muestran el interés por el orden y la disponibilidad a aceptar o rechazar las normas.
  • La presión de la escritura. Indica el grado de determinación y de compromiso.
El análisis de estos aspectos es de utilidad en la selección de personal, pero también en otros procesos relacionados con los recursos humanos como la promoción profesional o la reubicación en otros puestos de trabajo.

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